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Graduación Pelp 8
A la hora del cierre, del término de una historia que comenzó un sábado de mayo,
cuando es momento de hacer balances y evaluar resultados de lo que ha sido el Programa de
Entrenamiento para Líderes Participativos en su octava versión, podría hablarles de números y
estadísticas, sin embargo, para esta ocasión creo que es mejor contarles lo que como psicóloga
he observado durante este proceso.
Si me remontó a aquel día en el que t&iaucte;midos muchachos se enfrentaban a
un grupo de extra&ntiled;os que estaban igual de nerviosos que ellos mismos,
sin saber qué esperar de esa jornada y de las siguientes, me pude dar cuenta del valioso
potencial que tra´an. Así, con el pasar de los seminarios, de interiorizar nuevos
conocimientos y herramientas de liderazgo, con cada café y conversación compartida,
fueron tomando mayor confianza y seguridad.
Al observar y al hablar con los participantes, me han sabido trasmitir
su progresiva transformación con hechos concretos. A nivel individual,
ha habido un desarrollo significativo de su autoestima, desde el simple
acto de querer lucir bien hasta sentir mayor confianza y seguridad en si mismos.
También han entrenado las habilidades sociales, ya sea la capacidad para hablar
frente a muchas personas o saber cómo enfrentar diversas situaciones. Asimismo,
he comparado al inicio y al final del programa, la actitud y atribuciones que
tenían respecto a cuan cerca o cuan distante se encuentran del ideal de persona
que desearían ser, pudiendo constatar que en su mayoría se acercaron a ese ideal
al que aspira toda persona.
Considerando lo anterior, a la psicología le ocupa el bienestar del alma
humana como un ente único e irrepetible, sin embargo, no olvida que el ser
humano vive inserto en un contexto, en una sociedad, que lo influye
y éste a su vez, también lo hace. Reconociendo esta interacción recíproca,
cada uno de ellos, como miembros activos del grupo, han podido aumentar
su entendimiento de la forma como los otros lo perciben, descubrir patrones
efectivos para relacionarse con otros, desarrollar relaciones más satisfactorias,
recibir apoyo al compartir problemas comunes y a aprender cómo aplicar nuevas conductas
en situaciones fuera del grupo.
También, cabe mencionar, lo que a mi criterio es una característica
que hace al programa especial. La propuesta que realiza el PELP,
al reunir personas con algún tipo de discapacidad física con aquellos
que no la tienen, genera una mixtura maravillosa de compromiso, cooperación,
amistad y respeto, que rompe con los prejuicios existentes en ambas partes,
de esta manera han podido establecer vínculos afectivos, relaciones de colaboración,
en las que han aprendido a aceptar y a ponerse en el lugar del otro,
y en la medida en que han reconocido al otro como un ser valido, también
se reconocen a si mismos y así, en esa mutua cooperación, han logrado
superar barreras que por sí solos no hubieran sido capaces de superar, ya que,
han sabido sumar sus capacidades mas que restar, centrándose en lo que sí pueden hacer,
legitimando su existencia. Así, ha quedado es segundo plano si uno es más alto o
más rellenito que el otro, si se tiene mala ortografía o me falta una mano o si camino o no,
ya que, lo importante aquí es que cada cual es diferente y en esa diversidad radica
lo que nos hace únicos y a la vez iguales, todos tenemos algo que entregar.
Después de todo “la discapacidad surge de una deficiencia que existe dentro de
la sociedad, que es la que crea las barreras que impiden la integración y el entendimiento”.
La sociedad es la que tiene que eliminar, reducir o compensar dichas barreras,
con el fin de permitir a todos sus ciudadanos la posibilidad de disfrutar al máximo
de su condición de tales, respetando los derechos y deberes de cada individuo.
Esta tarea es responsabilidad de cada uno de nosotros, por lo que, iniciativas
como esta constituyen el primer paso hacia esa meta.
He visto con alegría, durante el transcurso del programa cambios externos como internos,
he observado el surgimiento de nuevas ideas, el despertar de inquietudes que los movilicen,
el deseo de generar proyectos. Ahora se consideran capaces de aumentar su conocimiento,
de continuar estudiando, de sacar la voz para expresar lo que piensan y lo que quieren y hoy,
en este escenario lo han demostrado. Estamos concientes de que aún queda mucho por mejorar,
pero ahí está el desafío, tanto para nosotros como equipo del PELP, como para los jóvenes que
hoy terminan una etapa para comenzar con muchas otras, que confío los lleve por el camino que
los convierta en personas satisfechas con lo que son y con lo que hacen.
Antes de finalizar, quisiera compartir con Uds. un cuento del Libro de
los abrazos del escritor uruguayo Eduardo Galeano, que en su narración resume en
cierta forma lo que acabo de contarles. El cuento se titula:
El mundo
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde all´ arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
— El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco,
que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman;
pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear,
y quien se acerca, se enciende.
Créanme señores que no podrían dejar de encandilarse
con el fulgor de los fueguitos del PELP 8.
Débora Fuentes, Psicóloga, 14-Octubre-2006.
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