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Testimonio Débora Fuentes
Una vez, en un día cualquiera, una niña pensó: Estoy aquí, sintiéndome
llena de dicha, contenta, feliz y plena por lo alcanzado hasta ahora, pese a
tanta piedra en el camino que me han hecho caer más de alguna vez, pero de los cuales
siempre me he levantado, tratando de mantener la firmeza para continuar, de arremeter con
todas mis fuerzas a todo aquello que en algún momento me lastimó. Aún así, no soy sólo yo
la que ha tenido pesares, ni tampoco puedo decir que sola los he vencido, sería una
soberbia de mi parte si dijera tal cosa, porque a mi lado siempre han estado mi familia y
amigos brindándome su apoyo.
Estoy tan agradecida, porque sin ellos hoy no sería la persona que soy.
Estoy conciente que muchas veces he herido a los que me quieren por sentir ira
y no saber como quitármela de encima, también he dejado de hacer y decir cosas de
las que me arrepentido por no haberlo hecho, que han dejado en mi un sentimiento amargo,
de arrepentimiento y rabia hacia mí-misma, tal vez por falta de madurez, timidez, vergüenza o
por estúpido orgullo a aceptar que me equivoqué.
No quiero seguir sintiendo ese sabor amargo del arrepentimiento por lo no-dicho o hecho!,
¿Pero como hacer algo tan difícil, algo que me cuesta tanto hacer?, ¿Cómo hacerlo?.
Desde su interior su Alma le habló: ¿no lo sabes? Yo creo sí lo sabes. Por eso hoy me
dirijo directamente a ti. Porque soy yo la única que
conoce tus miedos, sueños y esperanzas, conozco tus verdaderos sentimientos.
He regresado, otra vez estoy aquí...
Estoy contigo; luego de largos años de vagar en silencio junto a ti.
vengo a contarte todo lo he sentido. Debes saber algo, una cosa he aprendido, y eso es que hay que vivir esta vida.
Esta vida es el camino, el más buscado, el camino hacia lo incomprensible,
que llamamos divino o tal vez lo que llamamos felicidad.
Muchas veces las palabras no dan abasto para nuestros sentimientos.
Son nuestras acciones las que revelan nuestras palabras. Pero sin palabras,
¿es posible expresar lo que sentimos?. Eso es posible de lograr, pero, así mismo es igual de difícil.
Hay veces como tu ya lo has dicho, que existen ataduras que nosotros mismos creamos y dejamos que éstas
nos apresen impidiendo que digamos o que hagamos aquello que con tanta urgencia deseamos hacer .Pero dentro de ti están
las herramientas que te permitirán cortar esas ataduras, logrando tu libertad. Una libertad en la que podrás expresarte como desees.
Hoy, vengo hacia ti, para que juntas reflexionemos sobre nuestro andar. Para que recordemos y alcancemos alguna conclusión.
Hace años, la vida nos hizo una de las suyas, recuerdas.
En esos momentos me alejaste de ti y le diste paso al enojo, la rabia y la pena.
Buscaste algún culpable, exigiendo una explicación de ¿por qué a ti? Que era lo habías
hecho mal para recibir tal castigo. Culpaste a Dios, a ti misma. Fuiste dura con tus acciones y palabras con quienes
estaban a tu lado dándote su apoyo y amor, cegándote a todo, sólo existía tu rabia y tu dolor,
sentías que nadie te comprendía. Sin darte cuenta que quizás su dolor e impotencia era aun mayor que el tuyo.
Fueron varios años sin encontrar una dirección hacia donde dirigirte,
buscando hacia donde encausar tu vida, en ese tiempo sólo algunas veces me dejaste
acercarme a ti. Pero luego, con el paso del tiempo, en tu camino se cruzaron personas,
que sin quererlo te ayudaron a formarte, a reencontrarte conmigo, que dejaron huellas imborrables en ti.
Que han hecho de ti la que hoy eres.
Ahora ya no buscas explicaciones, quizás por
que ya no la necesites o más bien porque ya
encontraste la respuesta, el propósito del porque
de tu existencia. Comprendiste que no es algo malo
lo que te sucedió, sino más bien un regalo, un desafió a seguir.
Ahora ya no culpas a nadie, ahora juntas, como una, elevamos peticiones al cielo,
para decir que aceptamos con gozo su prueba, que a ciencia cierta no sabemos el final que tendrá,
pero de lo que estamos seguras es que existe un motivo y un propósito depositado en nosotras,
y que sólo pedimos la fuerza y entereza para soportar lo que él disponga para nosotras.
Bueno, ahora que ya estamos juntas,
que vemos con mejor claridad que la vida es hermosa,
pese a los momentos adversos y que incluso de aquellos malos momentos se
obtienen tesoros que te hacen mejor para ti y para los demás. Que uno no vale sólo por
los triunfos que ha acumulado, sino por las veces que se ha levantado después de haber caído.
Ahora puedes ir y expresar lo que piensas y sientes. Y la niña asombrada se dijo: No sé cuando,
pero halle el camino, que me condujo hacia el reencuentro con mi alma, conmigo misma. Regreso,
moderada, tranquila, purificada y reconciliada con la vida, ligera, ya sin el peso de rabia o pena sobre
mis hombros. He aprendido con el tiempo que la vida conlleva penas y
alegrías, triunfos y fracasos, que aunque duela no siempre se puede estar feliz, pero si se puede lograr el sentirse feliz.
Basta con desprenderse del cuerpo, sacar la mente y observar desde fuera a quienes se encuentran a
nuestro lado, los que nos aman y aceptan tal cual somos, así, de esta manera nos daremos cuenta que
no estamos solos y que por sobre todo somos ricos en cariño y amor. Ahí radica nuestra felicidad,
en los pequeños detalles y no en los objetos a los que con tanto ahinco insistimos aferrarnos.
Me encontré, mi interior me dijo algo que yo ya sabía pero no sacaba a la luz.
Debo decir aquello que siento.
No es mi intención decirles como deben vivir,
porque yo como todos he cometidos errores que me han lastimado
y en cierto sentido también a los demás. Mi intención es sólo
contarles lo que he sentido durante estos años, que me conozcan,
que no soy una heroína ni nada por el estilo. Decirles que he aprendido
que de un momento a otro, tan sólo en un segundo nuestras vidas pueden dar
un giro rotundo, cambiando la vida de manera radical, que puede que nos arrepintamos
de no haber disfrutado más de los pequeños detalles que le dan sentido a la vida,
por eso no dejemos pasar los momentos especiales que pasamos con los que apreciamos,
que a lo mejor por tratar de conseguir grandes cosas, los dejamos sin darnos cuenta,
que ojalá que no nos ocurra lo que a un hombre que estaba pronto de morir, que se sintió
arrepentido por no haber aprovechado más en compartir y gozar la vida, de no haber dicho a
tiempo a los que quería que los quería. Porque de un momento a otro nosotros o ellos ya
no estarán más. Por todo esto, quiero decirle a los que quiero que son todos ustedes,
que los quiero, que les pido perdón si alguna vez los he herido con alguna acción,
que les doy las gracias porque la Débora que hoy esta aquí, revelando sus sentimientos,
que todo lo que soy y lo tengo, se formó gracias a ustedes.
Yo soy esa niña, esta es mi historia y esta noche la comparto con
mucho cariño, porque dentro del PELP fue donde aprendí el valor de compartir,
de disfrutar de las personas que se encuentran a mi alrededor.
Conocí a un grupo de seres excepcionales, luchadores y generosos,
quienes han dejado una huella en mi. He comprendido el valor que puede generar
el contacto de un con otra alma, que es muy difícil de describir con palabras,
sólo se puede sentir, y de todo corazón puedo expresar que lo sentí, que lo siento y
lo seguiré sintiendo, porque sin lugar a dudas haber participado en este programa es
una de las experiencias más gratificantes de mi vida. No he querido utilizar palabras
rebuscadas para contar mis vivencias, porque es mi corazón el que habla, y él se expresa
en sentimientos y emociones y es eso lo que he querido trasmitir. Sólo me que decir que
la Débora que esta frente a ustedes, está feliz, que ya nada puedo pedir, porque todo lo que
necesito para estar bien ya lo tengo y, que no soy perfecta, que todavía me falta mucho por
aprehender y cambiar, pero que aún queda tiempo cuanto no lo sé, sólo quiero comprometerme
a tratar de ser cada vez mejor para y por ustedes.
Débora Fuentes.
2003
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